viernes, 26 de julio de 2013

IV Encuentro Nacional de la Cultura Llanera “José León Tapia”. La ciudad de Barinas y su gente



La Universidad Experimental de los Llanos Occidentales “Ezequiel Zamora” (UNELLEZ), El Centro de Investigaciones Sociohistóricas “Dr. Virgilio Tosta” (CISHVIT) y la Oficina del Cronista del municipio Barinas.

INVITAN

Al Seminario: IV Encuentro Nacional de la Cultura Llanera “José León Tapia”.
La ciudad de Barinas y su gente

El propósito del evento es: compartir experiencias, con el fin de generar propuestas para repensar la ciudad de Barinas, como un espacio armonioso de desarrollo humano en un marco ambiental rato y amigable.

Áreas temáticas:                  

1.-Ciudad educadora, compromiso ciudadano y gestión pública.
2.-Desmemoria, patrimonio cultural y turismo.
3.-Paisajismo, planificación urbana y bienestar ciudadano.
4.-Caminantes, transporte público y vialidad.

  • Inscripción resúmenes de ponencias
08 julio hasta el 30 de agosto 2013
  • Revisión resúmenes
01 al 15 de septiembre 2013
  • Comunicación de aceptación
20 de septiembre de 2013
  • Recepción de ponencias en extenso
21 al 30 de septiembre de 2013
  • Arbitraje de ponencias en extenso
02 al 15 de octubre de 2013
  • Comunicación formal de aceptación de ponencia
17 de octubre de 2013
  • Desarrollo del evento
15 y 16 de noviembre de 2013

Formato de resumen de ponencia:

1.      Autor/ Breve biografía (Máximo cinco líneas)
2.      Institución/ Particular
3.      Título de ponencia
4.      Área temática de adscripción en el evento
5.      Extensión máxima 250 palabras. Fuente: Times New Roman (12 pts.), Interlineado 1.5
6.      Palabras claves (máximo 5)

INFORMACIÓN:

Teléfonos:
0273-4150773 - Oficina del Cronista del municipio Barinas
0424-5116498- Profesora Norexis Milano

Correos electrónicos:


Por el Comité Organizador

Seminario
IV Encuentro Nacional de la Cultura Llanera “José León Tapia”
La ciudad de Barinas y su gente



Profesor Edinson Pérez Cantor
UNELLEZ-VPDS

Profesor Baudilio Mendoza
UNELLEZ
Centro de Investigaciones Sociohistóricas Dr. Virgilio Tosta (Cishvit)


Licda. Marinela Araque Rivero
Oficina del Cronista Barinas
Centro de Investigaciones Sociohistóricas Dr. Virgilio Tosta (Cishvit)


martes, 5 de junio de 2012

Homenaje a la Bandera



Se propuso en el I Congreso de Municipalidades de 1911

El 19 de abril de 1911, se reunió en Caracas el Primer Congreso de Municipalidades venezolanas en la ocasión de celebrarse el centenario de los sucesos ocurridos un 19 de abril de 1811, evento que fue decretado el 19 de marzo de 1910 por el Ejecutivo Nacional.  La finalidad fue la de conmemorar los cien años del grito de Independencia.

Las líneas del programa del Congreso de Municipalidades estaban orientadas en la presentación de informes por cada municipalidad participante sobre: sanidad y régimen hospitalario, rentas, ejidos y estadísticas, judicial y de régimen penitenciario, de obras y comunicaciones, escolar y de registro civil.

Como hecho noticioso y trascendental fue la proposición de acuerdo que realizó el doctor Luis Ramón Morín al Congreso de Municipalidades, quien señaló que el Concejo Municipal del Distrito Monagas, estado Guárico había instituido con el carácter de permanente, la ceremonia anual del homenaje a la Bandera por parte de las escuelas, por lo tanto recomendaba al Congreso Nacional que este ejemplo fuera instituido a ceremonia nacional para que “los futuros ciudadanos de la República ofrendaran ante la bandera que simboliza la Patria, los sentimientos excelsos y sea ella honrada, defendida y glorificada.”

Suscribieron este acuerdo: F. Monroy González, Andrés J. Vigas, F. de P. Reyes, Francisco I. Carreño, Avelino Ramírez, Eloy G. González, C. Zuleta, Carlos Manuel Velásquez, Luis Corrales, V. Peña, Pablo Godoy Fonseca, Antonio Zúñiga, V.M. Rada, J. Bolet Monagas, Venancio A. Delgado y Pablo Grillet.

[Fuente: Actas y Conclusiones. Primer Congreso de Municipalidades de Venezuela. Congreso de la República. Ediciones Conmemorativas del Bicentenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar. Caracas/Veenzuela. 1983. pág. 151]

El hospital de Caridad en la Provincia de Barinas


“Una necesidad urgentísima” a finales de la colonia



Los hospitales fueron durante la colonia instituciones de capital importancia para los gobiernos locales,  porque sus establecimientos en su gran mayoría fueron realizados por la iniciativa de particulares pudientes o grupos religiosos, de esta manera los gobernantes podían cumplir con las reales ordenanzas.



                               Plano del hospital general de la Provincia de Barinas. Archivo General de Indias. MP-Venezuela. 201. Sevilla. España

El establecimiento de un hospital en  la provincia de Barinas, se rigió de acuerdo a las disposiciones que figuraban en las leyes de Indias, pues era obligatorio la fundación de estos centros, en toda nueva ciudad conquistada.

Las gestiones realizadas por Don Fernando Antonio Vicente Miyares Pérez, Comandante político y Militar é Intendente de esta comandancia según Cédula Real del 15 de febrero de 1786, consistió en el envío de documentos al Rey. Entre los legajos se encontraban  dos cartas de fecha 11 de julio de 1787 y del 10 de junio de 1789.

En estas epístolas  Miyares le hace saber a la Corona, la existencia en las arcas de 6.387 pesos, 2 reales y maravedíes, por concepto de los diezmos recaudados a finales del año 1786. Además participa, que para la construcción del hospital conforme a los planos elaborados por él, se necesitaban 6.984 pesos, suma que no distaba mucho de la cantidad recaudada en ese año.

Adicionalmente, Miyares sugirió al Rey apelar a las limosnas ofrecidas por algunos vecinos acaudalados, más el dinero recogido por la producción del “arriendo del guarapo y casa de gallos”; así como lo que se recogiera por los permisos de las corridas de toros que se realizaban anualmente.

Por otra parte, el Intendente también expuso que era “una necesidad urgentísima” la fundación de un hospital motivado a que en toda la vasta comandancia de Barinas, (para la época comprendía los territorios de Barinas, Apure y parte de Portuguesa), no existía un establecimiento similar y asiduamente se podían observar en las calles y en los campos, “muchos pobres enfermos destituidos de todo amparo corporal y cristiano.”

En esta misma idea Miyares hizo hincapié, en que se aprovechara como mano de obra a los “vagos y reos” que se hallaban en las cárceles de manera que la construcción del edificio saliera más barata.

 De igual modo, solicitó que los encargados de la asistencia y cuidado del hospital fuesen de la orden religiosa  bethlemitas  traídos de México y Cuba, por ser estos de las “religiones hospitalarias”, por la buena técnica y régimen que usaban para atender enfermos.

El Hospital General o Nosocomio de Belén

Respondiendo a la iniciativa de Miyares, su majestad Carlos III ordena según  Cédula Real del 13 de abril de 1793, el establecimiento y construcción de un hospital en la ciudad de Barinas capital de la Provincia, con la misión de curar; no sólo a los enfermos de la capital, sino también a los de la ciudad de Pedraza, Barinitas, Obispo y Barrancas.

La parte arquitectónica de este hospital colonial y aceptada por la Corona,  fue  descripta de una forma muy explicita en el plano elaborado por Fernando Miyares en Barinas el 30 de junio de 1787.

La obra comprendía los espacios necesarios para alojamiento y servicio de tres religiosos “Belemitas” y departamentos separados de hombres y un mujeres. Ambos ocupaban dos cuadras de 45 varas por cada lado, que unidos componían la mitad de una manzana o cuadra de la ciudad, quedando vacío igual espacio de terreno a espaldas del que se proyectaba fabricar, con destino para huerta y por si más adelante se convenía extender la obra del “nosocomio de Belén” o del “hospital general “, denominaciones que utilizó Miyares cuando realizó la descripción del plano.

Las estructuras de los dos departamentos estaban diseñadas de forma homogénea. En el plano se puede observar que el edificio estaba planificado para dos puertas principales o zaguanes por cada departamento.

El departamento de hombres comprendía,  áreas para la puerta principal y zaguán, un patio, una botica, celdas para religiosos, un refectorio, despensa, ropería, almacén para utensilios, cocina, baño, salones para enfermos: para pobres blancos e indios, un lugar para pardos y morenos libres. Un sitio para las tropas y guardias,  además de un lugar común.

En el departamento de las mujeres existían, una puerta principal y zaguán, un patio, un lugar para alojarse las enfermeras, un cuarto de comer, una despensa, ropería y almacén. Además de la cocina, baño, salones para las enfermas: para blancas e indias y otro para pardas y morenas libres.

De igual forma el hospital tenía, rejas, ventanas, fuente de agua, una capilla con su altar que daba vista a todos los recintos por las rejas, asimismo habían corredores y lavaderos de ropa.

Según acta de Cabildo del 16 de diciembre de 1799, la primera piedra del edificio levantada fue a finales de ese año y para el 1 de febrero de 1802 ya estaba casi la obra concluida .Para esa fecha se cree, que fueron recluidos los primeros enfermos con la atención y la comodidad necesaria.

Pedro Alcántara Espejo, fue el mayordomo del hospital designado por el Gobernador Miyares el 22 de junio de 1794 y don José Antonio Alustiza (graduado en el protomedicato de la Corte de Madrid) fue el cirujano que prestó la asistencia médica requerida.

Según Virgilio Tosta (1986), la estructura del hospital colonial fue destruida por la guerra de Independencia y el edificio del hospital colonial estaba situado “en la manzana que hoy rodean las avenidas Sucre y Briceño Méndez, y las calles Carvajal y Camejo”.

La atención hospitalaria en la Barinas Colonial

La atención hospitalaria en la Barinas colonial, se inicia por primera vez con el establecimiento del hospital de Caridad. Le correspondió al  Gobernador Miguel de  Ungaro elaborar un reglamento provisional para regular las actividades asistenciales de ese nosocomio.

El primer artículo disponía, que solo se debía albergar enfermos provenientes de Barrancas, La Yuca, Obispo y la Luz, por ser éstos los únicos señalados por el Rey como contribuyentes de esta obra, quedando excluidos los habitantes de otras partes de la provincia, que sólo por caridad se les admitía en el hospital, siempre que hubiesen camas disponibles, además el médico debía certificar que el paciente debía mejorar su salud en el término de 3 a 4 días y estuviesen en capacidad de volver a su pueblo. Los pacientes que por la gravedad de su enfermedad tenía “cercana la muerte”, se les aceptaba, a fin de que pudieran recibir los sacramentos cristianos.

El  segundo artículo establecía,  que el paciente que presentara una enfermedad desconocida por el médico tratante, en el lapso de tres días se les daba de alta, el mismo trato era dado a los enfermos incurables. Las razones de estas medidas radicaban en el hecho de que el establecimiento apenas “disponía de 20 camas” y no se quería perjudicar a otros enfermos que ameritaban la atención.

En relación a la consulta externa, en ambos departamentos se prestaba el servicio de “cura exterior” en los turnos de mañana y tarde. La  dieta alimentaria también fue regulada en esta normativa. Los pacientes con “dieta total” recibían como ración: caldo, dos cuartos de gallinas y una libra de carne por paciente, distribuidas en dos turnos. Los enfermos de “media ración”, recibían “medio cuarto de gallina” y una libra de carne por comida, además de pan.

Los sueldos del personal estaban regulados en reglamento. El mayordomo del hospital recibía el 8 por ciento de lo que se recaudase para el mantenimiento del hospital. El médico devengaría un sueldo de 20 pesos, el boticario mantenía un sueldo que oscilaba entre 8 a 10 pesos. Los enfermeros, cobrarían 3 pesos y la comida. La cocinera ganaría 4 pesos más la comida y al sacerdote se le cancelaría 7 pesos.

                              
Autora: Marinela Araque Rivero


Referencias:
TOSTA, Virgilio. Historia de Barinas. Tomo I. 1577-1800.Caracas. 1986. pp.416-420
Archivo General de Indias. MP-Venezuela. 201. Sevilla. España




El abigeato en la Provincia de Barinas


Poniendo orden al robo

La Ordenanza para el Régimen Gobierno y Disciplina de los Llanos de las Provincias de Venezuela y la de Barinas no sólo constituyó uno de los más importantes instrumentos jurídicos de que se valió el conquistador para impulsar y consumar la tarea colonizadora, sino que también desde un comienzo la riqueza pecuaria se estableció en una de las fuentes básicas para fortalecer  la Corona Española.

Sentenció el escritor Daniel Mendoza en su libro El Llanero publicado en 1846, que a principios de siglo XVIII “puede decirse que nació el abigeato de los Llanos”, en Venezuela.

De hecho, en los llanos de la provincia de Barinas a finales del siglo XVII, los hurtos y robo era una conducta extendida, donde el abigeato era una de las formas más comunes.
Las repetidas providencias expedidas para “extirpar” este mal en tiempos pasados y singularmente acordadas en el año 1771  por los Gobiernos, Capitanía General y por la Real Audiencia de esta provincia, habían sido insuficientes.

 Llegó “a hacerse insufrible el excesivo número de ladrones de esta especie”, hasta el punto de que los malhechores habían desarrollado experiencia, aumentándose día a día la corrupción y el atrevimiento de estos, había llegado su insolencia  hasta el extremo de resistir y atacar con fuerza a los hacendados de hatos, además de otras personas, que en defensa de sus propios intereses habían intentado oponerse ante los “depravados designios de aquellos” bandidos.

Causa criminal por el delito de abigeato
En la Junta Generales  de Hacendados de Ganados celebrada en enero de 1794, se indicaba que había sido imposible “contener el abominable vicio de abigeato, radicado y embejecido en los llanos de estas provincias”.

Esto no era una situación ajena a la realidad de los años anteriores, reseña García (1996) que por ejemplo en el año 1793 se acusa de este delito a Don Antonio Saa de la población de Banco Largo promovido por Santiago Martínez.

De la misma forma, este quebrantamiento de la ley se fue acrecentándose en los años posteriores. En 1794 se siguen procesos contra Antonio Castillo, Juan Carlos Tirado e Ignacio Pérez por el robo de mulas y contra Manuel Villegas por delito de abigeato.  

En 1795 después se establecen autos contra Vicente Rodríguez Guarato y demás cómplices por delito de robo de ganado. Ni los sacerdotes se escaparon de estas acusaciones, como caso curioso en ese año se destaca el del padre Juan Evangelista Málaga, quien se le siguió una causa a instancia de los vecinos de San Jaime por ciertos robos de ganado.

Asimismo en el año de 1797 se le abre una causa contra Santiago Martínez por el delito de abigeato. José Antonio Ungría se le acusa de hurto de animales. En las poblaciones de Santa Rita y Sabaneta en el año 1800 se acusa por el delito de robo de ganado a Roso Páez, Lorenzo Carranchas y Simón Díaz.

El Alcalde de la Hermandad de Barinas en el año 1801 procede por abigeato a los procesados Clemente e Isidro Cordero. En Obispos se procesa a Justo Gómez y Antonio Peña (alias Matron) y en el caserío Banco Largo se acusa a Juan Agustín Aponte y Pío de los Reyes Castro, por el delito de abigeato.

Fueron numerosos los expedientes que se abrieron por este delito en las provincias de Venezuela y en la de Barinas.

Actuaciones de la Junta General de Hacendados
El 24 de noviembre de 1792, el gobierno de las Provincias de Venezuela y la de Barinas convocó y presidió en la ciudad de Caracas una Junta General de Hacendados de Ganados, en el cual se acordó por unanimidad crear una ordenanza que fuese capaz de poner término al grave y “envejecido”  mal del abigeato que estaba amenazando a la ruina  y absoluta desolación de las haciendas de ganados, se diputaron para la misma junta los señores Marqués del Toro y Don Fernando Ascanio.

 Por otro lado, se presentaron otros candidatos con la misma autoridad, que conformarían posteriormente la comisión que elaboraría y presentarían al rey las reglas para corregir los abusos y cortar de raíz los graves males que se experimentaban en los llanos. La responsabilidad  recayó en Don José Cocho Iriarte, Capitán del Batallón Disciplinario de Blancos de los Valles de Aragua, Don Tomás Paz del Castillo, don Sebastián Vélez de Mier y Terán y Don Manuel Antonio Hernández.

La mencionada ordenanza presentada en la Junta General de Hacendados de Ganados en el año 1794, estaba distribuida en cuatro tratados: El primero normaba, los medios de elecciones de diputados, de tenientes, secretario y jueces del llano. También se mencionaban  los departamentos que han de dividir los llanos. Las cuadrillas montadas que han de haber, cárceles que debían fabricarse y las guardias para su custodia.  

El segundo tratado comprendía los fondos de este establecimiento, las reglas de administración, el manejo de intereses, de los sueldos y pensiones que debían pagarse,
El tercer tratado regulaba la forma de gobierno, la policía de los llanos, los delitos comunes y penas que a ellos corresponden.

El cuarto tratado mencionaban las cosas que deben tener presentes los Jueces de Llanos, el modo de formar sumarios; substancias, seguir y sentenciar las causas correspondientes a su jurisdicción, y los casos con que han de admitir las apelaciones y por dónde.

Entre la pena de muerte y los azotes

La ordenanza establecía,  que todas aquellas personas sin distinción de clases que se hallaran incurso por primera vez en el  robo o latrocinio de  más de cinco animales, sufriría la pena de muerte.

En el caso de que por primera vez  haya robado sólo una cabeza de ganado, el culpable recibía 100 azotes y si eran dos,  200 azotes. Si eran más de tres cabezas de ganado robadas, el delincuente recibiría 200 azotes más dos años de presidio. Si eran cuatro cabezas de ganado, el ladrón recibía 200 azotes más cuatro años de prisión.

No sólo los ladrones recibían penas y sanciones, sino los que compraban ganado sin que hubiesen constatados su procedencia con suficientes documentos que lo acreditaran, recibían la pena del destierro del Reino por diez años, al justificársele haberlos comprados a ladrones conocidos. De igual manera incurrían en el mismo delito, aquellos que auxiliaran  o protegían en su casa a estos malhechores.

Las reglas que quedaron expuestas en este documento, fueron las únicas que le parecieron a la Junta de Hacendados para corregir los excesos de todas las especies, especialmente los robos desatados en los llanos de las provincias de Venezuela y la de Barinas.

 Aspiraban los hacendados, que solo con la ejecución de esta ordenanza que proponían, podía afianzarse la seguridad de las copiosas haciendas de ganados que allí se criaban, ya que las mismas eran el eje “sobre que rueda la importante máquina de los intereses de una y otra”, a las que les presagiaba una infalible ruina, por el lastimoso estado de corrupción a la que se hallaban reducidas.

De lo anterior podemos deducir, que el hurto en general y el abigeato formaban parte de las prácticas ilegales más frecuentes a los postrimeros días de la Colonia, conducta indeseable que se ha mantenido desafortunadamente hasta nuestros días.

Autora: Marinela Araque Rivero
Referencias
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA. Archivo General del libertador. Ordenanza para el régimen gobierno y disciplina de los llanos de esta Provincia y la de Barinas formadas en virtud de lo prevenido por Real Cédula de su Majestad.  Madrid a los 22 de julio de 1792. p. 44
GARCÍA M. Luis. La formación Colonial Barinesa. Ediciones de la Universidad Ezequiel Zamora. Colección Ciencias Sociales. p. p. 30-34



martes, 15 de noviembre de 2011

NAPOLEÓN SEBASTIÁN ARTEAGA


 Un barines del Siglo XIX
Fiel  Soldado de la  Democracia

Nace en Barinas en 1805. Sus padres fueron Francisco de Paula Arteaga, funcionario de la Corona y doña Josefa Lucía del Pumar y Callejo, hija de don Ignacio del Pumar, Marqués de Boconó.

Casado dos veces, su primera esposa, de origen francés se llamaba Cruz Garcen. De esa unión nacieron José Francisco y Belén. Al enviudar contrajo matrimonio con Antonia Sorén, también de origen francés, de esta unión nacieron Alberto, Amelia Antonia y Tulia Rosa.

Desarrolló el periodismo mediante el impreso El Rayo, instrumento comunicacional que utilizó a mediados de 1846 y tenía como fin luchar en la Provincia de Barina, durante el año eleccionario, a favor de la candidatura de Antonio Leocadio Guzmán para la Presidencia de la República.

Utilizó la columna del Rayo con el lema Libertad o muerte y allí se propuso a abordar a cuantos se oponían a sus ideales. Específicamente contra la oligarquía conservadora que entonces ejercía el poder, a la persona del General Páez Jefe del Conservador, y al Coronel Agustín Codazzi, Gobernador de la Provincia de Barinas. Desde el impreso El Rayo, lanzó una campaña contra ambos personajes, acusándolos de haber violado la Constitución y las leyes de la República.

Para 1846, Barinas estaba convertida en una provincia influida por ideas liberales y Napoleón Sebastián Arteaga había contribuido a fomentarla. El gobernador Codazzi ordenó que se le siguiera a Napoleón, acusándolo de conspirador ante un tribunal del primer circuito. El propio Codazzi libró auto de prisión contra Napoleón Arteaga el 4 de agosto de 1846, a quien las elecciones de ese año le harían representante de la Provincia de Barinas al Congreso de la república. Arteaga no pudo ser detenido, a pesar de las requisitorias libradas por la Gobernación y los tribunales.

Napoleón Sebastián Arteaga, escapó de Barinas y esperaba en la ciudad de Caracas a que el Congreso se reuniera en enero de 1847. Pero, es arrestado  y enviado a Barinas antes de iniciarse las sesiones parlamentarias para ser juzgado. El Dr. Ramón Delgado, Juez de Primera Instancia, dictó una sentencia absolutoria, por cuanto las pruebas examinadas, no resultaron condenatorias.

 El Coronel Agustín Codazzi, Gobernador de la Provincia para la época, estaba rodeado de liberales por todas partes, convirtiéndose esta situación difícil y peligrosa para el gobernador. En pleno proceso electoral Codazzi fue objeto de un asesinato. En el año 1847 cuando arriba José Tadeo Monagas a la Presidencia de la República, Codazzi fue considerado “sospechoso para el gobierno”, estas circunstancias lo llevaron a renunciar a la gobernación y las amenazas de una guerra civil lo impulsaron a abandonar a Barinas.
Napoleón Arteaga es nombrado Gobernador interino de la Provincia y prestó juramento de ley ante el Presidente Monagas. El 8 de noviembre de 1848, Merced Vicente Tapia, actuando como Presidente de la Diputación Provincial de Barinas, envió al Secretario en los Despachos de Interior y Justica la terna para Gobernador de la Provincia de Barinas, Integraban la lista Napoleón Sebastián Arteaga y los Generales José Gregorio Monagas y José Cornelio Muñoz. Previo el voto Consultivo del Consejo de Gobierno. Arteaga fue nombrado Gobernador.

Desde el año 1848 fue Gobernador de la Provincia de Barinas, en octubre del 49 fue suspendido de su cargo por haber desaprobado públicamente los términos del tratado que realizó en Campo Monagas, entre el General Laurencio Silva, en representación del gobierno, y el General José Antonio Páez, que se habían levantado en armas contra las autoridades establecidas.

El gobernador Arteaga no estaba de acuerdo con la conducta observada por el General Silva, esto le llevó a solicitar fuertes sanciones para Páez y sus seguidores. En un impreso titulado Barinas a la Nación, apareció una nota firmada por Arteaga, donde manifestaba públicamente su molestia ante el referido tratado. Esta conducta llamó la atención del Poder Ejecutivo, por según ellos estaban escritos de una manera que podía producir turbación y alteración del orden público y sólo les competía al Gobierno Supremo sancionar la conducta de Páez y Silva y no al Gobernador Arteaga. Aunado a esto se le acusaba de ser uno de los jefes de una conspiración contra el gobierno, asimismo se le acusa de violar las correspondencias privadas y de no entregar las cartas a los dueños. Asimismo, se le atribuía el disponer de un considerable número de reses de la provincia de Barinas.

Es por esto que lo suspenden de sus funciones y lo ponen a la orden de la Corte Superior del Distrito Judicial, para  que fuese sometido a juicio tal como estaba previsto en las leyes.

El tribunal se manifestó contra el barinés Arteaga y el 2 de diciembre de 1850, decretó la prisión. Pero el Licenciado Fermín Medina, Fiscal de la Corte de Justicia del Segundo Distrito del Centro, en veredicto de 11 de junio de 1851, declaró que el expediente no ameritaba el sometimiento a juicio del Gobernador Napoleón Sebastián Arteaga, los documentos y los testimonios de muchos ciudadanos echaron por tierra todas las acusaciones.

En septiembre de 1851, Napoleón Sebastián Arteaga es restituido por el presidente José Gregorio Monagas como Gobernador de la Provincia de Barinas.

Los aportes de Arteaga para el desarrollo de la Provincia fueron evidentes. Luchó para que se estableciera en la ciudad un colegio de secundaria conocido como el Colegio de Bolívar, que fue inaugurado el 24 de febrero de 1852 .

Al cumplir con su cargo de gobernador, se comprometió en actividades revolucionarias. Cuando estalló la Guerra Federal estaba desterrado en la Isla de San Thomas, luego pasó a Curazao donde se encontraba Zamora. Al conocer el levantamiento en la ciudad de Coro, regresa a Venezuela en calidad de agente para solicitar elementos de guerra. Ante la proximidad de las fuerzas del gobierno huye hacia Paraguaná donde cayó prisionero.

En 1843 ocupa la presidencia del Estado Zamora. Estando de Gobernador estuvo en desacuerdo con las cláusulas del Tratado de Coche que puso fin a la Guerra Federal. Cayó como gobernador mediante una reacción popular y fue sustituido por el General Julián Sosa.

Por decreto el 8 de abril de 1864, la Asamblea nacional Constituyente le otorga el título de Fiel Soldado de la Democracia.

A Napoleón Sebastián Arteaga se le reconoce como el barinés que erigió por primera vez un busto a Bolívar en la ciudad de Barinas colocándolo al frente de su casa.

Murió en la ciudad de Valencia, en 1885, a la edad de 80 años.

Marinela Araque Rivero

Fuente consultada:
Tosta Virgilio. Galería de ilustres barineses. Colección Centenario 3. Caracas 1990. 650 págs.