lunes, 24 de agosto de 2009

La función social de los archivos en el contexto Nacional

Por Marinela Araque
Uno de los factores socializadores más enriquecedores de toda nación o país es su riqueza documental, la cual se encarga de transmitir los valores propios, así como los aspectos y dimensiones que conforman al ser humano transmitido de una generación a otra, considerándolo por su naturaleza de utilidad pública. En este sentido, el patrimonio documental se debe reconocer como un elemento básico e indispensable para la construcción de la historia, conformando un elemento imprescindible en la identidad de los pueblos, Ballar y Otros (2001) señalan:” Sólo cuando existe una clara percepción del paso del tiempo y su repercusión sobre las personas y las cosas, empieza a adquirir sentido conservar los testimonios acumulados, los relatos épicos y hagiográficos, los memoriales”. Más adelante enfatizan los autores que junto a los relatos históricos surgen al mismo tiempo las bibliotecas para recoger las narraciones y los archivos para almacenar los documentos escritos, por lo tantos estos establecimientos adquieren carta de identidad al unísono de la historia.

Es por ello que a lo largo de la historia, los seres humanos se han preocupados por conservar los documentos o papeles que han producido de una descendencia a otra, diferentes han sido las motivaciones que han sostenido en el tiempo esta actividad. Los archivos fueron originariamente espacios donde se depositaban los fondos documentales de las instituciones o de los individuos, a ellos no lograban ingresar quien no integrara su contexto, sólo era utilizado para el provecho de sus propietarios. Actualmente esta visión carece de toda lógica, por lo que se reconoce hoy a los archivos como fuentes de primer orden que permite a los individuos mantener vínculos con el pasado. En Venezuela se incorpora a los archivos como bienes de interés cultural que forman parte del patrimonio cultural de los pueblos, por ser depositarios de los documentos que constituyen la principal fuente para la investigación histórica nacional, estatal y local. Así lo establece el Capítulo II de los Bienes que constituyen el Patrimonio Cultural de la República, Artículo 6 de la Ley de Protección y Defensa del Patrimonio Cultural:

“El patrimonio Cultural de la República a los efectos de esta Ley, está constituido por los bienes de interés cultural así declarados que se encuentren en el territorio nacional o que ingresen a él quien quiera que sea su propietario conforme a lo señalado siguiente:

“…8- El Patrimonio documental y bibliográfico, archivos, bibliotecas, fototecas, videotecas, cinematecas y demás instituciones de igual naturaleza tutelados por organismos específicos sin desconocer la tituralidad de dichos organismos sobre los mismos;”


La organización de los archivos ha pasado por una serie de acontecimientos históricos, por lo que al respecto, Quevedo (2004) considera que es posible agruparlo en dos grandes períodos:

“El período prearchivístico, durante el cual el tratamiento de los fondos documentales se ha caracterizado por la indefinición de sus presupuestos e incluso por la sumisión a los principios de otras disciplinas. El período de desarrollo archívistico, durante el cual ha logrado, tanto en teoría como en el tratamiento de los fondos documentales, unos niveles suficientes de autonomía como para poder hablar propiamente e archívistica.”, (p. 67).


Del mismo modo, Quevedo (2004), señala que la archívistica tiene un pasado determinado por la presencia de procedimientos prácticos apenas sistematizados, que han ido desarrollando a remolque de la praxis administrativa y solo a mediados del siglo XIX aparecen principios generales, como resultado de la experiencia y de la observación, todas estas primicias estaban orientadas a sistematizar los procedimientos prácticos. Consistiendo aún una teoría endeble, pero que al fin es la que inspira la labor archivística.

De allí que, según el diccionario de terminología archívistica elaborado por el Consejo Internacional de Archivos, se define como la archivística “como el estudio teórico y práctico de los principios, procedimientos y problemas concernientes a las funciones de los archivos”, de esta manera se entiende por archivo, todos los documentos como su contexto (edificaciones e instalaciones). De igual manera, Quevedo (2004) opina que la archívistica posee dos grandes campos de actuación: el de la teoría, que comprende su propia historia, su objeto o ámbito de actuación y su metodología. En el campo de la práctica, está relacionado con las técnicas y procedimientos empleados para la conservación activa de los documentos y para la difusión de la información. Seguidamente expresa el autor, que la archivología estudia los archivos con el propósito de precisar su esencia e historia, siendo la sistematización de los archivos su primordial preocupación con sus problemas característicos: ordenar, conservar y administrar.

La archívistica como disciplina científica ha experimentado en Venezuela una de las dificultades institucionales más notables, según el análisis realizado por Mario Briceño Perozo en el año 1970 y Director del Archivo General de la Nación en los períodos 1959-1995, se desprende la realidad de los archivos públicos del país. Enfatiza Perozo que parte de esta problemática se generaliza en la ausencia de edificaciones funcionales, falta de personal técnico calificado, restauración empírica de los documentos en riesgo de deterioro y carencia de una política archívistica en el país, considera a su juicio que muchos de los documentos del interior del país se han extraviado por las continuas mudanzas a la que están sometidas estas instituciones.

En el caso venezolano son muchos los diagnósticos que se han desarrollados, todos ellos lamentablemente responden a las mismas características adversas para el desarrollo archívistico del país. Para el año 1998, Briceño Porras Director del Archivo General hasta el año 2007, presentó un Plan de Desarrollo de los Archivos Municipales, allí responde con una precisa aseveración sobre el estado actual de la labor archívistica nacional, considerando que la “situación de los archivos en Venezuela es crítica, dado que se carece de organización, legislación, técnicas y conducción”. No, obstante si se reflexiona sobre la realidad expuesta por Perozo en el año 1970 y se compara con el escenario planteado por Briceño Porras en 1998, se puede observar que han transcurridos 37 años, sin que hasta los actuales momentos se haya resuelto parcialmente los problemas diagnosticados en los archivos venezolanos.

La experiencia de los Directores del Archivo General de la Nación revela, que este escenario no es ajeno al interior del país. El crecimiento acelerado de documentos generados por las dependencias y personal administrativo que tienen conexión directa con el Archivo General de la Nación se ha expandido a un ritmo importante en las últimas décadas en el resto del país y particularmente en el estado Barinas. Este crecimiento de tipo cuantitativo ha generado una serie de tensiones críticas en el Sistema Archívistico Nacional, tal es el caso de los archivos municipales.

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