domingo, 18 de octubre de 2009

Tratado sobre Protección de Instituciones Artísticas, Científicas y Monumentos Históricos


En 1937 el Presidente Eleazar López Contreras aprobó el Pacto Roerich

Tenía por objeto la adopción universal de una bandera ya creada y difundida para preservar con ella, en cualquier época en peligro, todos los monumentos inmuebles que forman el tesoro cultural de los pueblos.

Marinela Araque

La totalidad de los Estados representados en la Séptima Conferencia Internacional de Estados Americanos celebrada en Montevideo el 16 de diciembre de 1933, recomendó la suscripción del Pacto Roerich a los gobiernos de América que no lo habían hecho, con el fin de que los tesoros de la cultura sean respetados y protegidos en tiempos de guerra y paz.

Bajo el gobierno del Presidente Eleazar López Contreras en 1937, se aprobó en todas sus partes el Tratado sobre Protección de Instituciones Artísticas, Científicas y Monumentos Históricos (Pacto Roerich), firmado por Venezuela el 15 de abril de 1935 en la Ceremonia efectuada en la Casa Blanca, en Washington, presidida por Franklin D. Roosevelt, y con la presencia de 20 representantes de países latinoamericanos.

A este efecto se tomaron algunas medidas relacionadas con la materia. Los artículos hacían referencia a considerar como neutrales y como tales respetados y protegidos por los beligerantes los monumentos, los museos y las instituciones dedicadas a las ciencias, al arte, a la educación y a la conservación de los elementos de la cultura. Igual respeto y protección acordaron para el personal que labora en estas instituciones. Los gobiernos signatarios y los que convenían al presente tratado, tenían la obligación de comunicar a la Unión Panamericana, una lista de monumentos o instituciones que deseaban someter a la protección. Los monumentos e instituciones que eran utilizados para fines militares cesarían en el goce de los privilegios que les reconocía el convenio.

Para los fines de identificación de los monumentos e instituciones se motivó a usar una bandera distintiva (círculo rojo con una triple esfera roja dentro del círculo sobre un fondo blanco). La presente bandera se tornó mundialmente conocida a través del Pacto de Nicholas K. Roerich por la Paz. La bandera que propuso Roerich, se describió el círculo como una representación de la totalidad de la cultura abrazando las tres esferas, color rojo púrpura, en su centro tipificando el arte, la ciencia y la religión, tres actividades socioculturales de la humanidad. Él también describió el círculo como siendo representativo de la eternidad del tiempo, abarcando el presente, el pasado y el futuro.

Nicholas K. Roerich, nació en la ciudad de San Petersburgo, en Rusia, el 9 de Octubre de 1874 y falleció en Nueva York, Estados Unidos de América, en 1947. Artista mundialmente reconocido, arqueólogo, explorador, filósofo y humanista, cuya gran contribución al mundo de la Cultura y del arte, produjo más de seis mil pinturas y escritos. Creó el Tratado Universal de Paz y de protección a los tesoros del genio humano que hoy lleva el nombre de Pacto de Roerich, también conocido como la Cruz Roja de la Cultura. Nicholas Roerich definió la Cultura como el cultivo del potencial creativo en el hombre. Albergó la convicción de que alcanzar la Paz a través de la Cultura es un propósito a ser realizado por el esfuerzo positivo de la voluntad humana.

Del mismo modo enseñó Roerich, que la Cultura no pertenece a un solo hombre, ni a un grupo, ni a una nación: es propiedad mutua de toda la humanidad y herencia de las generaciones. Es la creación constructiva del comportamiento humano. Trasciende a todos los obstáculos, a partidos políticos, a preconceptos e intolerancias. Es la más alta percepción de la belleza y del conocimiento. Sin Cultura no hay verdad, unidad ni Paz. Sin Paz no hay progreso. La Cultura es el único instrumento para la Paz permanente. Con ella se busca el camino de la construcción pacifica. Los valores Culturales son los mayores tesoros del pueblo. Cultura es el símbolo de la creatividad y solo la creatividad pacifica genera el progreso

Bodega Bandera Negra de José del Carmen Araque

Bodega Antigua de Barinas

Marinela Araque

Existió un elevado número de bodegas o pulperías en la capital de Barinas, algunas de ellas, lamentablemente han desaparecido con el paso del tiempo, sólo quedan los testimonios del buen servicio que prestaron a favor de las comunidades y el amor retribuido de sus clientes que hoy las recuerdan con cariño.

Para la década de los 70 aproximadamente, fecha de la fundación del Barrio Ezequiel Zamora hoy conocido como El Cambio situado en la parroquia El Carmen del Municipio Barinas, no existía ninguna bodega, sus moradores visitaban el mercado La Carolina e iban hacia el centro para hacer compras de los artículos de primera necesidad. En esa época Don José del Carmen Araque, abre una de las primeras bodegas del barrio en una casa que todavía existe en la calle principal del sector, haciendo esquina con la calle 6, que fuera su morada y de su distinguida esposa, Doña Celsa Ramona Angarita de Araque.

La Bodega se denominaba Bandera Negraestaba dedicada a la venta de víveres, artículos de tocador, venta charcutería y papelería. Era atendida directamente por sus fundadores, don José del Carmen Araque, llamado cariñosamente Don Carmen, que era un hombre alegre, dicharachero, servicial, proveniente de la población de Barinitas, le gustaba lisonjear con versos a las agraciadas visitantes y Doña Ramona Angarita de Araque, de espíritu noble, amante de las buenas costumbres y catequista de corazón.

Muchos de los antiguos habitantes del Barrio El Cambio, se acercaron a mí para expresarme que Don Carmen y Doña Ramona, les proporcionaban los víveres o mercados que necesitaban para mantener a sus familias, teniendo o no el dinero y algunas veces esperaban meses para recibir el pago de los productos, recuerdan que ciertos vecinos nunca le cancelaron, y jamás recibieron represalia de parte de ellos. Y fue así, dicen la verdad, pues yo fui testigo de su nobleza porque conviví con ellos, eran mis abuelos paternos y padres de crianza.

Cuentan algunos vecinos, que cuando salieron los primeros televisores a color, Don Carmen fue el primero que adquirió uno en el barrio, muchos de ellos especialmente los niños se aglomeraban en el corredor de su casa para ver y oír la programación televisiva, quedando admirados por la belleza del color de las imágenes, era la década de los ochenta.

Bandera Negra no fue la única bodega del barrio, pero si fue una de las principales, brevemente, recordemos a otros negocios del ramo que cerraron sus puertas en el barrio El Cambio, tan importantes como el mencionado, y dignos de ser evocados la bodega de Don Mora, la de Don Panchito , la de Don Antonio y la de Don Victoriano.

Negocio mixto del pueblo con más de 100 años de tradición


Pulpería de Don Alejandro Moreno

Marinela Araque

En Altamira de Cáceres, la Iglesia, la plaza, las antiguas casonas de tejas y la pulpería de Don Alejandro Moreno integran un circuito histórico con estilo tradicional.


Situada en primigenia ciudad del estado Barinas, Altamira de Cáceres, se encuentra la pulpería de Don Alejandro Moreno. Lugar de tertulias, sitio auténtico para reuniones, encuentros y despedidas, alejada de la algarabía de la ciudad Marquesa. La casa y la pulpería, conservan casi todo los rasgos característicos de la época en que fue construida, las puertas, las ventanas, los estantes y el mostrador. Todos estos significativos objetos, son dignos de un museo vivo de tradición.

Cuenta doña Ana de Moreno,” que la casa donde funciona la pulpería tiene más de 100 años y perteneció a un ciudadano que emigró a Altamira proveniente de Colombia quien contrajo nupcias con la médica Rosa, quien era la partera del pueblo”.
Señala además doña Anita, ”que años más tarde la casa pasó a manos de Rafaelito Ribas Valero,. Ribas Valero la vende a Don Alejandro Moreno, casado con Jacinta Ribas de Moreno. Ambos se establecieron en el pueblo proveniente del estado Trujillo y allí fundaron la pulpería conocida por todos los altamireños. Cuando fallecen los fundadores, la pulpería la hereda el hijo Alejandro Antonio Moreno, mi esposo durante 30 años y con el cual procree seis hijos. Cuando este muere en 1985, la bodega queda bajo mi responsabilidad y la de mis hijos. ”

Desde hace tres generaciones, la bodega es administrada por la familia Moreno Archila. En la actualidad es atendida por Doña Ana Archila de Moreno e hijos, quienes relatan infaltables cuentos del lugar mientras los visitantes, turistas y lugareños se toman un rico café con aroma de montaña.

La tradición, los sabores, los productos y la atención de sus propietarios, son los protagonistas de este sitio lleno de historia. Por ello es un lugar de paso obligado si se visita Altamira de Cáceres.