viernes, 18 de junio de 2010

La Casa Tapiera se cae a pedazos








Bajo la mirada indiferente de los barineses y gobernantes

El tiempo, la humedad y la desidia están haciendo estragos en la Casa Tapiera, inmueble que vio nacer a Don Rubén Tapia Peña. Personaje que según la historia fue uno de los más preclaros hombres barineses.

La memoria es la dueña del tiempo”, pero para ello hay que respetar el tiempo y la memoria, ya que… “cuando las paredes no sobreviven a los hombres algo anda mal”.
Refrán Yoruba

Han pasado más de cien años desde que alguien mandó a construir una casa colonial en la calle Real justo frente a la sede de la Contraloría del estado Barinas, que según dicen algunos relatos y una de sus más reciente moradora Zulay Tapia, fue una de la mansiones más señoriales de la ciudad de Barinas.


La Casa Tapiera, aquel inmueble que José León Tapia describiera en su obra El Tiempo Indetenible: “quietud de corredores enladrillados, aposentos umbrosos, gran patrio central sembrado de limoneros, rosales, claveles y resedá. La misma casa del largo mesón, donde se sentaban a comer todos los Tapias. Que una vez conocí, cuando la abuela Esther me la mostró con nostalgia“.


Su destino hasta ahora incierto. Ni los años que tiene, ni el valor histórico, pudieron hacer que el Concejo Municipal en el año 2003 la declarara Patrimonio Histórico de la Ciudad de Barinas, exceptuándola de este beneficio en virtud de que la misma es de propiedad privada y se tendría que expropiar tal como lo establece la Ordenanza sobre Defensa y Conservación del Patrimonio del año 1996. Ordenanza que necesita urgentemente una revisión profunda a los fines de constituir un verdadero marco legal que proteja el patrimonio cultural en consonancia con los principios expresados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999)

El tiempo, la historia y el imaginario popular han sido justos al darle el título de La Casa Tapiera a este inmueble donde nació un ilustre barinés, Don Rubén Tapia Peña. Pero los años de indiferencia no. Sus paredes ya no aguantan más el peso de un viejo tejado. Sus columnatas, puertas y ventanas se sostienen queriendo de alguna forma permanecer erguidas, pero las inclemencias padecidas en más de un siglo de vida son suficientes para que en algún día, se suelten , se dejen caer y se fusionen con esta tierra para al fin descansar como algunos de sus antiguos moradores.


La tristeza que produce ver cómo la historia de Barinas es intimada a desaparecer por el paso del tiempo y la desidia de sus gobernantes, no tiene comparación alguna.
Acceder al interior de la Casa Tapiera es trasladarse en el tiempo e imaginar un pueblo más sencillo, más tranquilo, de tierras fértiles y de hombres preclaros. La casona aún conserva unas singulares y desgastadas columnas de madera, viejos corredores enmarcan la pretérita grandeza de este inmueble. En la profundidad de la casona exite un viejo portón que da vista hacia la calle. Viejos cuadros adornan las paredes casi destruidas por el tiempo y la humedad.

En el patio central, donde años atrás florecieron claveles y rosales, existe un espacio en considerable detrimento, allí permanecen en el suelo apolilladas columnas azuladas y tejas destrozadas. Contiguo a este, está la huella de un inmemorial cuarto donde la vida se topó con la muerte, pues allí vino a morir el Coronel Antonio Jelambi, que como dijera el historiador Ruiz Guevara (1977) " muy bien se merece una lápida recordatoria si en su persona se le quiere rendir tributo al militar pundeneroso-y conste que no pretendemos a que se le erijan monumentos a la vieja o a la nueva oligarquía, pero es que pensamos -como muchos barineses- que se debiera conservar por principios tradicionalista las pocas cosas que aún nos quedan de un pasado que debemos aceptar tal como aconteció, sin otro propósito que el poder mostrar a las nuevas generaciones algo, aunque sean vestigios de la ciudad que aceleradamente se nos va diluyendo en los recuerdos·"


Deterioro acompasado con el tiempo y la nostalgia, como lo señalara el historiador Tapia (1998) cuando visitara al anciano Rubén en la casa que lo vio nacer para contar “cosas que lo oprimían y a la vez lo liberaban de sus angustias”. “En su casa, colgado en la pared encalada, en partes manchadas por el ocre de la humedad de los goterones de lluvia filtrada por la vieja techumbre”... ”En esa casa que fue tan rica. Ahora de entejado cimbreante, musgoso, de carcomidos maderámenes, arbotantes torcidos, casi al derrumbarse, al arreciar las aguas de la nublazón de julio. Aquí naci, aquí moriré me dijo Rubén, una tarde de cielo gris, como si presintiera el temor del aguacero cercano”.


Pero estar dentro de ella también obliga a pensar que cada grieta en la pared, cada teja en el suelo y cada columna carcomida por el tiempo representa el nombre de quienes han tenido la responsabilidad de hacer cumplir las ordenanzas municipales para decretarla como Patrimonio Histórico de la ciudad y no la han hecho. De los gobernantes que han podido adquirir la vieja casona para restaurarla y darle un uso social y no lo hicieron, convirtiéndose en facinerosos del patrimonio barinés.


No basta de las buenas intenciones. Se requiere de accionar para preservarla como símbolo de la identidad barinesa, de lo contrario se perderá como ha pasado con muchas edificaciones de valor patrimonial en el estado Barinas para dar paso al crecimiento urbano anárquico.

Por lo que urge que la gobernación del Estado Barinas y la Alcadía del Municipio suman voluntades políticas y económicas para adquirir esta edificación, restaurarla y darle utilidad pública, porque existen razones idiosincráticas para defender este espacio que está en el imaginario social de una barinidad que está en discusión.















2 comentarios:

  1. alli pase los mejores años d mi infancia y adolescencia. me impacto ver las condiciones d la casa tapiera. desidia, se llama eso. espinoza tapia

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  2. Alli pase los mejores años d mi infancia y adolescencia..lamento el estado deplorable y la desidia. Como en todo. Espinoza Tapia

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