martes, 5 de junio de 2012

El hospital de Caridad en la Provincia de Barinas


“Una necesidad urgentísima” a finales de la colonia



Los hospitales fueron durante la colonia instituciones de capital importancia para los gobiernos locales,  porque sus establecimientos en su gran mayoría fueron realizados por la iniciativa de particulares pudientes o grupos religiosos, de esta manera los gobernantes podían cumplir con las reales ordenanzas.



                               Plano del hospital general de la Provincia de Barinas. Archivo General de Indias. MP-Venezuela. 201. Sevilla. España

El establecimiento de un hospital en  la provincia de Barinas, se rigió de acuerdo a las disposiciones que figuraban en las leyes de Indias, pues era obligatorio la fundación de estos centros, en toda nueva ciudad conquistada.

Las gestiones realizadas por Don Fernando Antonio Vicente Miyares Pérez, Comandante político y Militar é Intendente de esta comandancia según Cédula Real del 15 de febrero de 1786, consistió en el envío de documentos al Rey. Entre los legajos se encontraban  dos cartas de fecha 11 de julio de 1787 y del 10 de junio de 1789.

En estas epístolas  Miyares le hace saber a la Corona, la existencia en las arcas de 6.387 pesos, 2 reales y maravedíes, por concepto de los diezmos recaudados a finales del año 1786. Además participa, que para la construcción del hospital conforme a los planos elaborados por él, se necesitaban 6.984 pesos, suma que no distaba mucho de la cantidad recaudada en ese año.

Adicionalmente, Miyares sugirió al Rey apelar a las limosnas ofrecidas por algunos vecinos acaudalados, más el dinero recogido por la producción del “arriendo del guarapo y casa de gallos”; así como lo que se recogiera por los permisos de las corridas de toros que se realizaban anualmente.

Por otra parte, el Intendente también expuso que era “una necesidad urgentísima” la fundación de un hospital motivado a que en toda la vasta comandancia de Barinas, (para la época comprendía los territorios de Barinas, Apure y parte de Portuguesa), no existía un establecimiento similar y asiduamente se podían observar en las calles y en los campos, “muchos pobres enfermos destituidos de todo amparo corporal y cristiano.”

En esta misma idea Miyares hizo hincapié, en que se aprovechara como mano de obra a los “vagos y reos” que se hallaban en las cárceles de manera que la construcción del edificio saliera más barata.

 De igual modo, solicitó que los encargados de la asistencia y cuidado del hospital fuesen de la orden religiosa  bethlemitas  traídos de México y Cuba, por ser estos de las “religiones hospitalarias”, por la buena técnica y régimen que usaban para atender enfermos.

El Hospital General o Nosocomio de Belén

Respondiendo a la iniciativa de Miyares, su majestad Carlos III ordena según  Cédula Real del 13 de abril de 1793, el establecimiento y construcción de un hospital en la ciudad de Barinas capital de la Provincia, con la misión de curar; no sólo a los enfermos de la capital, sino también a los de la ciudad de Pedraza, Barinitas, Obispo y Barrancas.

La parte arquitectónica de este hospital colonial y aceptada por la Corona,  fue  descripta de una forma muy explicita en el plano elaborado por Fernando Miyares en Barinas el 30 de junio de 1787.

La obra comprendía los espacios necesarios para alojamiento y servicio de tres religiosos “Belemitas” y departamentos separados de hombres y un mujeres. Ambos ocupaban dos cuadras de 45 varas por cada lado, que unidos componían la mitad de una manzana o cuadra de la ciudad, quedando vacío igual espacio de terreno a espaldas del que se proyectaba fabricar, con destino para huerta y por si más adelante se convenía extender la obra del “nosocomio de Belén” o del “hospital general “, denominaciones que utilizó Miyares cuando realizó la descripción del plano.

Las estructuras de los dos departamentos estaban diseñadas de forma homogénea. En el plano se puede observar que el edificio estaba planificado para dos puertas principales o zaguanes por cada departamento.

El departamento de hombres comprendía,  áreas para la puerta principal y zaguán, un patio, una botica, celdas para religiosos, un refectorio, despensa, ropería, almacén para utensilios, cocina, baño, salones para enfermos: para pobres blancos e indios, un lugar para pardos y morenos libres. Un sitio para las tropas y guardias,  además de un lugar común.

En el departamento de las mujeres existían, una puerta principal y zaguán, un patio, un lugar para alojarse las enfermeras, un cuarto de comer, una despensa, ropería y almacén. Además de la cocina, baño, salones para las enfermas: para blancas e indias y otro para pardas y morenas libres.

De igual forma el hospital tenía, rejas, ventanas, fuente de agua, una capilla con su altar que daba vista a todos los recintos por las rejas, asimismo habían corredores y lavaderos de ropa.

Según acta de Cabildo del 16 de diciembre de 1799, la primera piedra del edificio levantada fue a finales de ese año y para el 1 de febrero de 1802 ya estaba casi la obra concluida .Para esa fecha se cree, que fueron recluidos los primeros enfermos con la atención y la comodidad necesaria.

Pedro Alcántara Espejo, fue el mayordomo del hospital designado por el Gobernador Miyares el 22 de junio de 1794 y don José Antonio Alustiza (graduado en el protomedicato de la Corte de Madrid) fue el cirujano que prestó la asistencia médica requerida.

Según Virgilio Tosta (1986), la estructura del hospital colonial fue destruida por la guerra de Independencia y el edificio del hospital colonial estaba situado “en la manzana que hoy rodean las avenidas Sucre y Briceño Méndez, y las calles Carvajal y Camejo”.

La atención hospitalaria en la Barinas Colonial

La atención hospitalaria en la Barinas colonial, se inicia por primera vez con el establecimiento del hospital de Caridad. Le correspondió al  Gobernador Miguel de  Ungaro elaborar un reglamento provisional para regular las actividades asistenciales de ese nosocomio.

El primer artículo disponía, que solo se debía albergar enfermos provenientes de Barrancas, La Yuca, Obispo y la Luz, por ser éstos los únicos señalados por el Rey como contribuyentes de esta obra, quedando excluidos los habitantes de otras partes de la provincia, que sólo por caridad se les admitía en el hospital, siempre que hubiesen camas disponibles, además el médico debía certificar que el paciente debía mejorar su salud en el término de 3 a 4 días y estuviesen en capacidad de volver a su pueblo. Los pacientes que por la gravedad de su enfermedad tenía “cercana la muerte”, se les aceptaba, a fin de que pudieran recibir los sacramentos cristianos.

El  segundo artículo establecía,  que el paciente que presentara una enfermedad desconocida por el médico tratante, en el lapso de tres días se les daba de alta, el mismo trato era dado a los enfermos incurables. Las razones de estas medidas radicaban en el hecho de que el establecimiento apenas “disponía de 20 camas” y no se quería perjudicar a otros enfermos que ameritaban la atención.

En relación a la consulta externa, en ambos departamentos se prestaba el servicio de “cura exterior” en los turnos de mañana y tarde. La  dieta alimentaria también fue regulada en esta normativa. Los pacientes con “dieta total” recibían como ración: caldo, dos cuartos de gallinas y una libra de carne por paciente, distribuidas en dos turnos. Los enfermos de “media ración”, recibían “medio cuarto de gallina” y una libra de carne por comida, además de pan.

Los sueldos del personal estaban regulados en reglamento. El mayordomo del hospital recibía el 8 por ciento de lo que se recaudase para el mantenimiento del hospital. El médico devengaría un sueldo de 20 pesos, el boticario mantenía un sueldo que oscilaba entre 8 a 10 pesos. Los enfermeros, cobrarían 3 pesos y la comida. La cocinera ganaría 4 pesos más la comida y al sacerdote se le cancelaría 7 pesos.

                              
Autora: Marinela Araque Rivero


Referencias:
TOSTA, Virgilio. Historia de Barinas. Tomo I. 1577-1800.Caracas. 1986. pp.416-420
Archivo General de Indias. MP-Venezuela. 201. Sevilla. España




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